La historia de Sithembiso

Sithembiso es originaria de Zimbabwe, África. Le preocupan la propiedad y el uso de la tierra y es la directora fundadora de la Organización de las Asociaciones Rurales para el Progreso (Organisation of Rural Associations for Progress, ORAP). La ORAP reúne a más de 700 grupos miembros y es la organización no gubernamental y de base más amplia en el sur de África.

Sithembiso dice que:

   
 

Quizá quieran escuchar lo que le pasó a mi familia. Es una historia muy común. En 1945 mis padres fueron despojados de sus tierras en Matabeleland y trasladados al sur, a las tierras centrales, con el fin de tener espacio para los soldados que regresaban de la Segunda Guerra Mundial. Perdimos una tierra muy buena y fértil. El sistema de posesión de tierras nos obligaba a mudarnos a territorio virgen y empezar desde cero. No nos dieron ninguna compensación por nuestras antiguas casas o la pérdida de nuestras tierras. Simplemente nos sacaron de allí y destruyeron nuestros hogares.

A cada familia le dieron unos 10 acres de la nueva zona y, conforme las familias crecían, la tierra tuvo que ser trabajada más y más. Antes, en nuestras viejas tierras, teníamos espacio para cultivar diferentes sembradíos cada año y dejar que la tierra se regenerara por sí sola.

A lo largo de mi vida he visto muchos cambios. Cuando era niña había gran cantidad de arbustos espesos y una enorme variedad de plantas, animales y pastos. También había mucha agua subterránea y los ríos corrían caudalosos. Pero en la actualidad ya no existen todas estas cosas debido a la sequía, a la situación económica que ha obligado a la gente a permanecer en sus tierras y al sistema de posesión que ha movilizado grandes números de personas hacia tierras inservibles.

La gente depende de su entorno para vivir. Algunas veces, sin embargo, si te acercas a una aldea donde el suelo está erosionado tiendes a culpar a la gente que vive allí sin ver todo lo que hay detrás, sin saber su historia y por qué viven en esa situación. Los ambientalistas acusan a las personas de ignorancia y desinterés, de tener muchos hijos o de sobreexplotar la tierra. En primer lugar, nadie pregunta por qué están ahí.

Las mujeres son quienes más sufren. Cuando la tierra ha sido sobreutilizada y se vuelve menos productiva, por lo general los hombres acuden a las ciudades y tratan de encontrar trabajo. Pero las mujeres permanecen en las aldeas para cuidar a su familia o para tratar de ganarse la vida en el campo.

Debido a mis actividades laborales, viajo a muchas aldeas y con frecuencia encuentro que están habitadas por mujeres, niñas, niños y, algunas veces, por ancianos. Pero la mayoría de la gente joven y de los hombres con una buena condición física viajan a las ciudades a conseguir empleo. Las mujeres sufren entonces una sobrecarga de trabajo: cuidar a los niños, atender la casa y ganarse la vida.

Mi organización es un movimiento de aldeas y trabajamos con ellas. Intentamos ayudar a las mujeres y a la familia completa para que se ganen la vida de acuerdo con la situación de su aldea. Lo primero que hacemos es proporcionar educación popular y hacer que la gente se percate de que no es su culpa lo que le ha sucedido a la tierra y que comprendan cuáles son las fuerzas que actúan sobre ellos.

También debemos trabajar dentro de la misma cultura. Una de las cosas que he aprendido es que el trabajo de desarrollo no se basa en lo que yo sé y puedo dar, sino en lo que la gente sabe y puede utilizar. La nuestra es una cultura rica. Contrariamente a lo que se piensa en Occidente, no somos un continente en quiebra. Somos ricos en valores morales, en espíritu, en las cosas realmente importantes.

Una de las estrategias que empleamos en ORAP es regresar a nuestros orígenes culturales y entender cómo se usa ahora la tierra y cómo podría utilizarse, cómo debería relacionarse la gente con la tierra y la naturaleza. Lo principal es que realmente debemos aprender a respetar la tierra. Esta es nuestra manera tradicional. No puedes respetar a la tierra si no la comprendes o si sabes poco de ella.

Así que para nosotros el primer paso es aprender acerca de nuestro medioambiente, sobre nuestros árboles, nuestros bosques y lo que éstos pueden hacer por nosotros. Para qué se usan diferentes tipos de plantas, cómo crecen y cómo se cuidan. También necesitamos aprender sobre la relación que existe entre los animales y los insectos que están en el bosque, pues toda la naturaleza está en equilibrio.

El siguiente paso es usar distintos métodos de agricultura. Abandonamos el monocultivo comercial, donde primero despejas todo el terreno y luego siembras un solo tipo de cultivo. Ahora estamos volviendo al sistema de multicultivos. Sembramos todos los cultivos a la vez, tal como sucede en la naturaleza. Junto a árboles altos crecen arbustos y pequeñas plantas. Cultivamos al mismo tiempo diferentes productos como maíz, cacahuete y mijo. Esto es lo que se hacía antes de la llegada de los métodos occidentales de agricultura. Nuestras ancianas saben qué tipo de plantas debemos sembrar al mismo tiempo para así enriquecer el suelo, controlar a los insectos, mantener a las lombrices lejos de las semillas enterradas en la tierra y alejar los pájaros de los cultivos. Como antes, también estamos volviendo al uso del compost y fertilizantes orgánicos.

El estilo occidental de agricultura introducido en nuestro país ha sido muy perjudicial para la tierra y para las personas. Por ejemplo, cuando derribas todos los árboles y aras grandes extensiones de campo, la tierra se empobrece y el viento se lleva todo el humus.

La educación occidental nos ha enseñado que las costumbres de antaño son 'anticuadas', pero ahora estamos aprendiendo a reconocer su valor y sabiduría. Estamos prestando atención al conocimiento de los ancianos y creando centros de documentación en las aldeas.

He descubierto que en cada individuo existe una necesidad y un impulso para cambiar. ¡Todos tenemos una fuerza que nos impulsa a conseguir un mundo mejor!

 
   

Fuente: Williamson-Fien, J. Women's Voices - Teaching Resources on Women and Development, Global Learning Centre, Windsor-Australia, 1993. Adaptado de Living from the land, Youthpower, No. 14, 1992, pp. 5-7.