Nuestras decisiones de compras reciben la influencia de muchos factores, incluyendo nuestra edad y salud, lugar de residencia, ingreso y riqueza, creencias sociales e incluso nuestro estado de ánimo.

El consumo sostenible nos pide que cuando compramos tomemos en consideración aspectos que van más allá del individuo. Éstos incluyen no sólo los impactos ecológicos de lo que compramos, sino también la equidad, los derechos humanos y las dimensiones políticas de la sostenibilidad en el proceso de producción y consumo. Estos aspectos del consumo sostenible proporcionan algunas pautas sobre cómo reducir los impactos sociales y ecológicos de lo que consumimos.

Por ejemplo, la Guía de los Compradores Justos [Just Shoppers' Guide] que está en Internet sugiere criterios que deben tomarse en cuenta cuando se compran cosas de todos los días como chocolate, zapatos deportivos, atún, detergente para ropa, bebidas sin alcohol, papel, madera, ropa y demás.

La intención de este tipo de pautas no es hacernos sentir culpables, sino alentarnos para hacernos preguntas como:

¿Realmente necesito este artículo?
¿Lo puedo producir yo mismo?

Después, cuando ya decidimos comprar algo, debemos pensar de manera crítica acerca de cada paso en el "ciclo de vida" del producto:

Producción
Transportación y venta al por menor
Uso
Eliminación

Pensar críticamente acerca de los impactos del consumo puede llevarnos a darnos cuenta de la importancia de:

La naturaleza holística del consumo sostenible

Estrategias personales y políticas para el cambio social
Prioridades culturales y nacionales para un desarrollo apropiado.

Hacia una definición

Hay muchas definiciones del consumo sostenible, pero la mayoría comparten un número de aspectos en común, incluido un énfasis en:

Satisfacer las necesidades humanas básicas (no el anhelo de 'deseos' y lujos),
Favorecer la calidad de vida y no los estándares materiales de subsistencia,
Minimizar el uso de recursos, los residuos y la contaminación,
Adoptar una perspectiva que considere el "ciclo de vida" en las decisiones que toma el consumidor, y
Actuar pensando en las futuras generaciones.

 

Estos cinco puntos están incluidos en una definición que parece haberse convertido en una de las de mayor autoridad en los años recientes. Es una definición propuesta en 1994 por el Simposio sobre Consumo Sostenible que realizado en Oslo:

   
  ...el uso de servicios y productos relacionados que respondan a las necesidades básicas y que proporcionen una mejor calidad de vida a la vez que se minimiza el uso de recursos naturales y materiales tóxicos, así como las emisiones de residuos y contaminantes, durante el ciclo de vida del servicio o producto, con el fin de no poner en riesgo las necesidades de las generaciones futuras.  
   

Fuente: Ministerio del Medio Ambiente, Noruega. Oslo Roundtable on Sustainable Production and Consumption 1994.

Se considera que esta definición es buena porque vincula de manera estrecha el consumo sostenible con la producción sostenible, y se toma en cuenta las fases de producción y eliminación del ciclo de vida del producto, así como la transportación, la venta al por menor y el consumo de bienes y servicios. También da por sentado que hay un proceso bidireccional de cambio social a través del cual los productores pueden influir en el consumo mediante el diseño de los productos y la mercadotecnia, mientras que los consumidores pueden, a su vez, influir sobre la producción a través de sus elecciones de mercado.

No obstante, deben hacerse al menos tres advertencias acerca de esta definición.

Es idealista
No enfatiza de modo suficiente los puntos que se refieren a la justicia social
Hace demasiado énfasis en la elección personal del estilo de vida

Como resultado, Nick Robins y Sarah Roberts, del Instituto Internacional de Desarrollo y Medio Ambiente, sugieren que una definición completa del consumo sostenible necesita partir de intereses más amplios en los aspectos ambiental, moral y de igualdad social, parecidos a los analizados en este módulo. Ellos resumen estos intereses y preocupaciones así:

Daño ambiental
La extracción, producción y uso de muchos bienes y servicios, y la posterior emisión de desechos causa serios problemas ambientales como agotamiento de los recursos, desperdicio de energía, contaminación del aire, agua y tierra, y aumento de residuos sólidos, tóxicos y peligrosos.

Pobreza
Mientras mucha gente de todo el mundo, especialmente en el Norte, disfruta vidas de abundancia, más de mil millones de personas aún carecen de abastecimiento de agua potable, medidas sanitarias adecuadas, energía y nutrición.
Salud
La producción de muchos bienes de consumo causa un enorme daño a la salud humana a través del aire y el agua contaminados. Mientras que la contaminación es una causa importante de muertes prematuras en el Sur, en el Norte muchas enfermedades ahora son consideradas enfermedades de "estilo de vida", pues hay gente que muere a causa de los excesos que permite la riqueza.
Eficiencia económica
Los modelos convencionales de desarrollo han buscado compensar los problemas arriba expuestos al intentar incorporar más gente a la economía de consumo a través del crecimiento económico (el proverbial "pastel más grande"). A menudo, se ha dado a expensas de cambios en la distribución y patrones de consumo, que pueden ser más costeables y eficaces en lo que concierne a los recursos.
Cambio ambiental global
El uso de energía industrial, comercial y doméstica, especialmente en el sector del transporte, es la mayor fuente de gases de efecto invernadero, mientras que el aire acondicionado y la refrigeración son causas significativas de la disminución del ozono. Estas amenazas ambientales a nivel global pueden enmendarse con cambios en el diseño y la construcción de edificios y sistemas de transporte.
Calidad de vida
El aumento de la riqueza material no conduce necesariamente a una mejor calidad de vida debido a que entre sus posibles consecuencias están la degradación del ambiente humano y la erosión de las relaciones sociales.

Fuente: Robins, N. y Roberts, S. Consumption in a Sustainable World, Libro de trabajo preparado para el taller de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico) sobre Consumo en un Mundo Sostenible, Kabelvaag, Noruega, 2-4 de junio, 1998.

 

Si partimos de esos principios, el consumo sostenible se puede definir de la siguiente manera:

   
 

El consumo sostenible reúne una serie de prácticas sociales, económicas y políticas que pertenecen a los ámbitos individual, familiar, comunitario, empresarial y gubernamental, las cuales apoyan y estimulan:

La reducción de la carga ambiental directa que surge de la producción, el uso de bienes y servicios, y la consecuente emisión de residuos;
La satisfacción de las necesidades básicas por el consumo de bienes y servicios esenciales, como alimentos, agua, salud, educación y vivienda;
La maximización de las oportunidades para subsistir sosteniblemente en el Sur;
El consumo de bienes y servicios que contribuyen positivamente a la salud y al bienestar de mujeres y niños;
El aumento del desarrollo y la adopción de aparatos, transporte público y otras medidas que ahorren energía y agua;
La producción y venta de nuevos bienes y servicios adaptados a las restricciones ambientales globales, y
Estilos de vida que valoren más la cohesión social, las tradiciones locales y los valores no materiales.